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Esta investigación examina cómo el carbón articuló durante más de un siglo los flujos de personas, la organización territorial y la identidad social de las cuencas mineras asturianas, convirtiéndolas en un nodo energético clave del norte peninsular. Tras el declive de la actividad extractiva, el territorio experimentó una inversión de estos flujos, marcada por la despoblación, el envejecimiento y el abandono de infraestructuras industriales. El estudio analiza las limitaciones de las políticas de reactivación y pone en relación este legado con un nuevo escenario marcado por el cambio climático, que reconfigura Asturias como refugio climático y espacio de consumo residencial y turístico. La investigación plantea así una pregunta abierta sobre el futuro de las cuencas, entre la posibilidad de una transición productiva sostenible y el riesgo de una nueva forma de extractivismo territorial.
Fotografía: Ana Amado